"No estoy en realidad, tan informado de los acontecimientos, que pueda decir puntualmente que pueda decir de algunos particulares capitanes, ya sea de los bárbaros, ya de los griegos, cuánto se esforzó cada uno en la contienda" (Herodoto, 8, LXXXVVII)
domingo, 31 de mayo de 2009
SALAMINA: LA BATALLA
SALAMINA: VÍSPERAS DE LA BATALLA
"Si es así, le dijo, que esos una vez se partan de Salamina con sus naves, adios, ya no habrá más patria por la cual pelear" (Herodoto, VIII, 57)
Además, si observamos la estrategia persa, vemos que ya la había utilizado en Artemisio. Allí, también, el mismo escuadrón egipcio había rodeado la isla de Eubea con intención de capturar en una pinza la flota griega, pero tras la caída de las Termópilas, la flota aliada se abía retirado. Es absolutamente lógico que, ante una situación parecida, Jerjes intentase la misma jugada, que tenía todos los visos de poder darle una sonada victoria.
Pero, sin duda, lo que más pesó en el ánimo del almirante griego y los demás jefes fue la posibilidad de que los atenienses retiraran su flota, decisión, además, contra la que difícilmente podían hacer nada a la fuerza. Sus propios barcos, unidos, apenas llegaban a igualar en número a los de su aliado, sus marineros, en general, eran menos experientados, y de todos modos un enfrentamento fraticida hubiera desencadenado exactamente la misma catástrofe que pretendía evitar.
domingo, 22 de marzo de 2009
479 A. C. LA OLVIDADA PLATEA (I): JERJES VUELVE A CASA... POR NAVIDAD
Exageran el poder del enemigo vencido, disminuyen el suyo propio (antes de una batalla) o aumentan lo logrado en tiempos de paz, dan sus razones para obrar como lo hicieron, y deslizan maliciosas insinuaciones o anécdotas vergonzantes a expensas del enemigo.
Pero, también, quien domina la fuente de información, puede hacer resaltar su importancia frente a la de sus aliados; o presentar sus razones como más nobles.En el caso de las Guerras Médicas, cuyo principal historiador, Heródoto de Halicarnaso, presenta una sospechosa inclinación hacia su patria de nacimiento, así como a su patria de agogida, Atenas. Como, por otra parte, el centro historiográfico de la Grecia clásica y Antigua fue, por mucho tiempo, la propia Atenas, nadie disputó muchas de las nociones que nos llegaban del "Padre de la Historia"
Así, por ejemplo, durante muchos siglos se ha enseñado, a los estudiantes, la importancia de Salamina como batalla que hundió el poderío persa en la II Guerra Médica, acompañando a Termópilas como hito heroico y simbólico, y se ha minimizado la importancia de Platea, que prácticamente se consideraba una batalla menor, en el que un ejército de hoplitas habían derrotado a los restos del ejército de Jerjes, desmoralizados y casi vencidos antes de empezar. La realidad, como veremos ahora, es muy otra.
Situémonos al día siguiente de Salamina. Eso sería, se cree, el 24 de Septiembre de 480 A.C. La flota persa, desde luego, había sufrido un durísimo castigo, y es razonable pensar que había perdido aproximadamente la mitad del poder naval con el que vino a Europa. Es decir, si creemos a los historiadores de la antigüedad (Heródoto, Diodoro, Éforo, Plutarco, etc) y teniendo en cuenta que parte de las pérdidas habrían sido reemplazadas por flotas de Tracia e islas de alrededor, es razonable pensar que el Gran Rey podía contar aún con cerca de 600 barcos de guerra en la zona. Eso sobrepasaba, sobradamente, los 300 o 350 barcos de la Liga Panhelénica, aunque podemos imaginar que los persas salieron escocidos de sus batallas navales con los griegos y no tendrían muchas ganas de volver a probar espolones.
Otra cosa muy distinta es el ejército de tierra. Sin pensar en la millonada que nos ha hecho llegar Heródoto, lo cierto es que el número de efectivos infundía pavor a sus enemigos, y en su camino hasta el ática había ido subyugando, una por una, a las ciudades al paso. la escaramuza de Termópilas, por desproporcionado que fuera el esfuerzo que hubo que hacer para vencer a Leónidas, no supuso ningún daño de consideración.
Tenemos, pues, un ejército invicto (por el momento) y una flota seriamente dañada, pero aún superior en efectivos a la de los griegos.
"De miedo, pues, que tuvo de no verse a peligro de perecer cogido así en Europa,
decidió la huida" (Herodoto, VIII, XCII)
la muralla de 6 kilómetros que se había construido a lo largo del istmo. Si pensamos en las pérdidas persas ante Leónidas, entendemos también que Jerjes contemplara con cierta reticencia la idea de dar el asalto a unas fortificaciones defendidas por varias decenas de miles de hoplitas.No por ello le entró el pánico ni se estuvo ocioso. Heródoto, aunque lo achaca a disimulo, cuenta:
Pero no queriendo que nadie ni de los griegos ni de sus propios vasallos penetrase sus designios, empezo a formar un terraplén hacia Salamina, y junto a él mandó unir puestas en fila unas urcas fenicias, que le sirviesen de punte y de baluarte como si se dispusiese a llevar adelante la guerra y dar otra vez batalla naval.
Mardonio no estaba dispuesto a enfrentar su fuerza contra la muralla de Corinto, protegida por los combativos peloponesios. Se conocían por entonces los arietes, como queda de manifiesto por algunos relieves asirios, pero su uso era sumamente arriesgado contra tropas disciplinadas como los espartanos, y menos aún cuando no se trataba de una muralla de ciudad, sino de campo abierto.
La opción preferida fue intentar romper la unión de los griegos. Los atenienses, que habían vuelto a su destruida ciudad, recibieron al rey de Macedonia, Alejandro (no el Magno, evidentemente) quien transmitió la oferta de Mardonio en caso de abandonar la Confederación: reconstrucción de la ciudad por cuenta del Gran Rey, mantenimiento de su territorio y aún ampliarlo con aquellos territorios que pidiesen al Rey.
Pero, por otro lado, la defección ateniense, y la unión de la flota al bando persa, o al menos su neutralidad, dejaría abierta la costa al desembarco del enemigo, con las gravísimas consecuencias que podemos imaginar.
Como hemos visto, Salamina no había sido la batalla definitiva que, posteriormente, la propaganda ateniense presentó. En términos televisivos, la situación se presentaba más que interesante. En términos deportivos, la partida estaba abierta.